Vaticano reconoce martirio de 20 sacerdotes asesinados en la Guerra Civil española
El Dicasterio para las Causas de los Santos reconoció el martirio del siervo de Dios Juan Torres Torres y 19 compañeros pertenecientes a la Diócesis de Ibiza (España), asesinados por odio a la fe al inicio de la Guerra Civil española en 1936.
Este 18 de junio, el Vaticano publicó el decreto relativo a las virtudes heroicas de la Sierva de Dios Clara Andreu y Malferit, monja monasterio de religiosas jerónimas de San Bartolomé de Inca (Mallorca, España), que vivió entre 1596 y 1628.
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La fase diocesana del proceso de beatificación de estos mártires españoles fue abierta en 2008 por Mons. Vicente Juan Segura, Obispo de Ibiza, y clausurada en 2015, cuando la causa fue remitida a la extinta Congregación para las Causas de los Santos, hoy Dicasterio.
El proceso quedó validado en enero de 2017, por lo que se prosiguió con la elaboración de la Positio, el extenso informe en el que se recogen testimonios, detalles de la vida y virtudes de los candidatos y se analizan sus escritos.
Este informe fue aprobado por los Consultores Históricos en 2025 y en 2026 ha sido sometido al examen de los Consultores Teólogos del Dicasterio y los cardenales y obispos miembros del Dicasterio.
Nacido en 1912, el P. Juan Torres Torres fue martirizado a los 25 años, siendo el más joven entre sus compañeros y el primero en entregar la vida a sus asesinos. El mayor era el P. José Tur Bennassar, nacido el 1859 y canónigo de la catedral en el momento de su muerte, acaecida en el castillo de Ibiza el 13 de septiembre, junto a la mayoría de este grupo. La Diócesis de Ibiza celebra en esa fecha la fiesta de estos mártires.
Sor Clara Andreu
Bárbara Andreu Malferit nació el 4 de diciembre de 1596 perdiendo su madre la vida en el parto. Ingresó con 8 años en el Monasterio de San Bartolomé de Inca tomando el nombre de Clara, aunque no profesó como novicia hasta cumplir 10 en 1609. En 1613 realizó su profesión religiosa.
La Real Academia de la Historia destaca en su biografía que ” Llamó la atención por la entrega con que vivió los consejos evangélicos y los preceptos propios de la regla y constituciones de la Orden de San Jerónimo, en todos los cargos y donde la puso la obediencia”.
Asimismo, se detalla que “desarrolló una intensa actividad de consejera de vidas y conciencias de muchas personas” y sufrió numerosas enfermedades. Censurada “por las experiencias espirituales de origen místico que decía tener y que había puesto por escrito” a petición de Mons. Baltasar de Borja, “todo lo sobrellevó con ejemplar resignación y después de una visita especial realizada por el franciscano padre Figuerola, se restituyó la paz espiritual al convento y a la sufrida sor Clara Andreu”.

Fallecida en 1628, “en vista de los favores que obraba a los que a ella se encomendaban, se decidió poner los restos en un sepulcro de la iglesia conventual efectuándose el traslado en septiembre de 1702 y encontrando su cuerpo incorrupto, lo que acrecentó la fama de santidad que tenía en toda la isla” de Mallorca.
En el año 2011 se clausuró la fase diocesana de su proceso, cuyos documentos se enviaron a Roma, donde el Dicasterio para las Causas de los Santos los ha estudiado por tres lustros.
