Una multitud recordó en Buenos Aires a los palotinos asesinados hace 50 años

“Juntos vivieron, juntos murieron. Hoy son luz y vida”, fue el lema que reunió a una enorme cantidad de fieles en la parroquia San Patricio de la Ciudad de Buenos Aires, para conmemorar 50 años del asesinato de tres sacerdotes y dos seminaristas de la congregación Palotina.

La Eucaristía estuvo presidida por el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Jorge García Cuerva, y concelebrada por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Mons. Jorge Lozano; el Obispo de La Rioja, Mons. Dante Braida; el Obispo de Morón, Mons. Alejandro Benna; el Obispo de San Martín, Mons. Martín Fassi, y numerosos sacerdotes, muchos de ellos pertenecientes a la Sociedad del Apostolado Católico fundada por San Vicente Pallotti.

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Desde distintos puntos del país, referentes de las comunidades palotinas se hicieron presentes para mantener viva la memoria de los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau, y los seminaristas Emilio Barletti y Salvador Barbeito, asesinados el 4 de julio de 1976 en la casa parroquial contigua al templo, en el contexto de la última dictadura militar.

Por el hecho se encuentra en proceso una causa penal que investiga a ex efectivos de la Policía, cuyas citaciones a declarar estaban pactadas para junio pasado, pero fueron reprogramadas.

También está en curso la causa de canonización, cuya apertura fue autorizada en 2005 por el entonces Cardenal Jorge Bergoglio. Según indicó el postulador de la causa, P. Juan Sebastián Velasco, en marzo pasado, el actual Arzobispo de Buenos Aires envió una carta al Dicasterio para las Causas de los Santos pidiendo el nihil obstat para el avance del proceso de canonización colectiva de los cinco palotinos.

El salmo responsorial fue guiado por Rolando Savino, quien en 1976 se desempeñaba como organista de la parroquia y fue quien, aquel 4 de julio y con tan solo 16 años, encontró los cuerpos sin vida de los sacerdotes y seminaristas.

Los palotinos “eligieron no mirar para otro lado”

En su homilía, Mons. García Cuerva se refirió al aniversario que “nos estruja el alma”, y retomando el Evangelio del día, reflexionó sobre las palabras de Jesús: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré”.

“En 1976 el agobio era el miedo, la persecución, el silencio impuesto. Los palotinos estaban agobiados, sí, pero no por el desánimo, sino por el peso del dolor de su gente, y entonces, eligieron no mirar para otro lado; decidieron cargar con las aflicciones de una Argentina que se desangraba”, subrayó Mons. García Cuerva.

“Su ‘delito’ fue pregonar el Evangelio a destiempo, defender la vida y la dignidad humana. La alfombra roja manchada de sangre nos recuerda el costo de esa fidelidad”, señaló, en referencia al paño que se encuentra expuesto en un oratorio contiguo al templo principal, donde se observan los orificios de las balas que mataron a los religiosos.

Asimismo, aclaró que no fueron individuos aislados, sino “el testimonio de una comunidad, de una fraternidad que incomodó al poder de turno porque vivía el Evangelio sin anestesia”.

En ese sentido, llamó a hacer “memoria viva” cincuenta años después, en un tiempo en que “el agobio a veces se disfraza de impunidad, de olvido, o de una sociedad que parece haber perdido la capacidad de conmoverse ante el sufrimiento del otro”.

“Alfredo Leaden, Pedro Duffau, Alfredo Kelly, Salvador Barbeito y Emilio Barletti encontraron su alivio en los brazos del Padre, siendo testigos de la paz y la justicia, coherentes en la entrega hasta el final”, destacó el prelado, llamando a buscar alivio fecundo en “la reconciliación fundada en la verdad y la justicia”.

Finalmente, convocó a imitar a estos cinco testigos de la fe y “comprometernos en la construcción de un país más justo y más fraterno”, por los caminos de la paz y la no violencia.

“Hoy lloramos juntos, pero como la sangre derramada hace cincuenta años, nuestras lágrimas quieren ser fecundas, y regar el suelo de una Nación que sigue clamando justicia”, concluyó.

Al finalizar la Misa, autoridades de la Sociedad del Apostolado Católico tomaron la palabra para agradecer la “memoria viva” que se mantiene en Argentina 50 años después de la denominada “Masacre de San Patricio”.

El párroco del lugar, P. Juan Sebastián Velasco, señaló que en la carta enviada por el Dicasterio para las Causas de los Santos, ya se menciona a los cinco palotinos como “Siervos de Dios”.

El sacerdote agradeció a las comunidades palotinas llegadas desde diferentes lugares para acompañar la celebración e indicó que, debido a la cantidad de concurrentes, durante la Comunión se quedaron sin hostias y algunos debieron comulgar la sangre de Cristo, en esta fecha tan especial en el que se recuerda una entrega martirial.

El sentido del cristianismo es la vida entregada

En San Antonio de Areco, tierra natal del seminarista Emilio Barletti —quien al momento del crimen tenía 23 años— recordaron este aniversario especial con una Misa presidida por el Obispo Auxiliar de Zárate-Campana, Mons. Justo Rodríguez Gallego.

La celebración tuvo lugar en la parroquia San Patricio de San Antonio de Areco, y luego de la Misa se descubrió una placa conmemorativa en el atrio de la parroquia.

Se trata de la primera vez que un obispo encabeza la conmemoración de la Masacre de San Patricio en la ciudad bonaerense.

En su homilía, Mons. Rodríguez Gallego señaló que la Diócesis de Zárate-Campana cumple 50 años, por lo que ambos acontecimientos se encuentran históricamente ligados. Dios, en su providencia misteriosa, “permitió que esto concurriera, el nacimiento de nuestra diócesis y este acontecimiento de la masacre de la comunidad palotina en Belgrano”, señaló.

El prelado se refirió luego al sentido del cristianismo: “Vivir la vida, la única que tenemos, como Dios la ha pensado y la ha querido”. En ese sentido, señaló: “Mi vida —la de cada uno de nosotros— tiene que estar entregada, tiene que estar derramada. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos, sino que le pertenecemos a Él, que por nosotros murió y resucitó”, afirmó, identificando esta característica en la comunidad palotina de Belgrano.

“Ahí es donde es importante que nos centremos cuando pensamos en ellos y hacemos memoria de ellos”, subrayó, llamando a dejar que tanto la justicia humana como la Iglesia hagan su camino, anhelando que “en algún momento se pueda dar la beatificación de estos hermanos nuestros”.

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