Show de Bad Bunny en el Super Bowl genera debate

El espectáculo de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl LX generó reacciones encontradas. Para algunos fue un triunfo hispano o latinoamericano sin nada que objetar, mientras que para otros se trató de un espectáculo con letras y bailes obscenos que no representa lo mejor de Latinoamérica.

Entrevistado por EWTN Noticias, el P. Mario Arroyo, doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, el evento fue el marco de un “mensaje político”  en el que Bad Bunny reivindicó “que Estados Unidos es una nación multicultural” con unos 70 millones de latinos.

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“Ese es también un mensaje político que está en confrontación con la agenda política del actual presidente Donald Trump”, añadió el P. Arroyo. 

El sacerdote consideró el espectáculo como una expresión de “la comunidad latina en Estados Unidos que se ha sentido acosada por las medidas que ha tomado la administración norteamericana”, como las violentas redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), que han dejado algunos muertos como Renee Good y Alex Pretti, y han llevado al arresto de unas 400.000 mil personas en 2025, de las que menos del 14% tenían antecedentes penales violentos, según señala CBS News.

De hecho, cuando Bad Bunny recibió el premio Grammy al mejor álbum de música urbana el pasado 2 de febrero por Debí tirar más fotos, comenzó su discurso de agradecimiento diciendo “ICE out” (“Fuera ICE”).

No es la “mejor carta” de América Latina

Tras precisar que no es admirador de Bad Bunny ni del reguetón, porque es “un estilo de música que sexualiza mucho a la mujer” y denigra “la conducta humana”, el P. Arroyo lamentó que el show del puertorriqueño no fuera la “mejor carta” de Latinoamérica, sino un “espectáculo vulgar y de poco nivel humano”.

El sacerdote recordó que “hay un principio moral que dice que el fin no justifica los medios, es un principio básico”, aunque la intención de Bad Bunny haya sido “transmitir un mensaje positivo”, destacando diversas estampas de Puerto Rico y América Latina, con las que muchos se han sentido identificados.

El Super Bowl LX, en el que los Seahawks de Seattle derrotaron a los Patriots de Nueva Inglaterra en el Levi’s Stadium en Santa Clara, California (Estados Unidos) el domingo 8 de febrero, fue el segundo más visto en la historia, por debajo sólo de la edición de 2025, según datos de Nielsen.

En cuanto al espectáculo del medio tiempo, de acuerdo a los índices de audiencia de Nielsen, el promedio de espectadores fue de 128,2 millones, más de 7 millones por debajo del espectáculo de Kendrick Lamar del año pasado, con una media de 133,5 millones de espectadores.

Además de Bad Bunny, el espectáculo tuvo entre sus protagonistas a Lady Gaga y Ricky Martin, junto a otros famosos que aparecieron durante el show como los actores Jessica Alba y Pedro Pascal, y la cantante Karol G. 

“Pienso que el fin de la NFL [Liga Nacional de Fútbol Americano de Estados Unidos] más que político es un fin económico: ampliar el espectro de las personas que disfrutan y se interesan por el fútbol americano”, dijo el P. Arroyo a EWTN Noticias.

La voz del presidente de los obispos de Puerto Rico

Otro que se pronunció sobre el show fue el presidente del Episcopado de Puerto Rico y Obispo de Caguas, Mons. Eusebio Ramos.

“Ciertamente se puede tener algo que decir sobre el género musical, y digo claramente que no estoy expresando mi apoyo a ello, pero escuchar la voz de un joven que antepone un lenguaje de amor nos llena de alegría”, declaró a la agencia italiana SIR Mons. Ramos.

“No hay duda de que las palabras de Benito, de este cantante, han llegado al corazón, han recordado valores cristianos, como la fraternidad y el primado del amor”, agregó el prelado sobre Bad Bunny, cuyo verdadero nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio.

Mons. Ramos añadió que “nos da esperanza escuchar el mensaje de quien, en este momento en que el orden mundial se ha roto de muchas maneras, invita a derribar los muros, interpelando a la conciencia colectiva”.

Tras comentar que Bad Bunny “tiene su propia visión política”, el obispo puertorriqueño destacó que “sin duda es una voz que nos recuerda el valor de la dignidad de cada ser humano, al que se debe respetar. La actual ola de deportaciones, por el contrario, no tiene en cuenta esa dignidad”.

Sobre la situación política de Puerto Rico, que es un territorio no incorporado de Estados Unidos, aunque sus ciudadanos son estadounidenses, el obispo comentó que “desde hace 125 años sufrimos, en la práctica, un colonialismo. Estados Unidos es el interlocutor superior, nosotros, los puertorriqueños, estamos en un nivel inferior. Una relación injusta y contaminada por el pecado. Pero Puerto Rico ha sobrevivido, ha mantenido viva su identidad y su cultura”.

En cuanto a la reacción crítica del presidente Donald Trump con respecto al espectáculo de Bad Bunny, el obispo dijo: “no me ha sorprendido, es su estilo”. El mandatario estadounidense calificó el show del medio tiempo como “absolutamente terrible, ¡uno de los peores de la historia!” y dijo también en su red social Truth Social que “nadie entiende ni una palabra de lo que dice este tipo y el baile es repugnante”.

“No todo éxito tiene valor”, dice senadora puertorriqueña

La senadora independiente y provida puertorriqueña Joanne Rodtíguez-Veve,, madre de dos hijos, también se pronunció sobre el espectáculo de su compatriota. 

“Creo que Bad Bunny no es un fenómeno musical, sino un fenómeno político dentro de la cultura”, dijo a ACI Prensa. “Su mensaje, de claro matiz woke, lo convirtió (o tal vez lo ‘construyeron’) en un referente de la izquierda cultural”, añadió.

Tras comentar que “no hay duda de que Bad Bunny no está solo” y de que hay muchos intereses económicos a su alrededor, Rodríguez-Veve dijo que, “irónicamente, Bad Bunny, hijo predilecto del capitalismo —plataforma económica sin la cual no hubiera logrado el tan venerado éxito personal— es el nuevo ídolo de la izquierda política. Resulta que, cuando les conviene, el éxito capitalista es bueno”.

Luego de reconocer que son “incuestionables las conquistas logradas por Bad Bunny”, como los premios Grammy y haberse presentado en el medio tiempo del Super Bowl, la senadora precisó que “nos quedaríamos cortos en nuestra capacidad reflexiva si el valor de algo o de alguien se mide solamente en función del éxito. ¿Éxito diciendo qué? ¿Éxito promoviendo qué? ¿Éxito exhibiendo qué? No, no todo éxito tiene valor. Ese es el punto”.

“Como mujer puertorriqueña, no me siento representada por persona alguna que cosifique a la mujer y nos muestre al mundo como animales en un bacanal”, indicó la senadora.

“Podrá ondear la [bandera de Puerto Rico] monoestrellada” y “cantar lo que le pasó a Hawái en Hawái, y no será suficiente. Porque –concluyó– la puertorriqueñidad es ingenuidad y bravura, pero también es la elegancia del jíbaro (campesino tradicional), la madre que da a luz a la Patria, la familia esforzada, los niños que esperan a los Reyes y las rodillas dobladas ante Dios”, sostuvo.

La “comida chatarra” no es la mejor para el espíritu

El P. Arroyo también llamó la atención sobre el fuerte contraste entre el espectáculo de Bad Bunny en el Super Bowl con la reciente inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno Milán Cortina 2026, en la que cantó “Andrea Bocelli, Laura Pausini y fue un espectáculo de un gran nivel humano y cultural… por supuesto de un nivel artístico infinitamente superior a la música de Bad Bunny que, en mi opinión, es basura”.

“Ese show de las olimpiadas lo vieron sólo 21 millones de personas. Es decir: más de 6 veces más de personas vieron el Super Bowl”, lamentó diciendo que parece que las personas prefieren alimentar el espíritu con “comida chatarra”.

Para concluir, el sacerdote animó a enseñar a los niños “a discernir” las cosas que ven y a hacer “una evaluación crítica de lo que nos están transmitiendo e intentar comprender qué es lo que nos quieren transmitir y cuáles son las intenciones de fondo”.

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