¿Qué es un cenotafio y qué significado tiene para los católicos?
Pequeñas cruces, veladoras, flores, imágenes de la Virgen y placas con nombres forman parte del paisaje urbano en algunas ciudades de Latinoamérica. Son los llamados cenotafios, altares levantados para mantener viva la memoria de quienes perecieron, usualmente, en una muerte violenta.
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Según el Departamento de Asuntos de los Veteranos de Estados Unidos, el término cenotafio proviene de una expresión griega que significa “tumba vacía” y tradicionalmente se refiere a un monumento hechos para honrar a una persona cuyos restos se encuentran enterrados en otro lugar.

En las calles, banquetas, camellones o carreteras de distintos países, como Perú, Colombia o México, es común encontrar estas pequeñas estructuras, generalmente colocadas para señalar el lugar donde una persona perdió la vida en un accidente, por causas naturales o víctima de un asesinato.
En entrevista con ACI Prensa, el P. Roberto Delgado Suárez, sacerdote de la Diócesis de Nezahualcóyotl especializado en duelo y cuidados paliativos, explicó que la cruz, con el sacrificio de Cristo pasó de ser “un signo de condenación para ser un signo de salvación”.

En este sentido, indicó que estos memoriales pueden ayudar a las personas a resignificar el sitio donde murió su ser querido y convertir un espacio asociado con la tristeza en “un lugar sagrado”. Señaló que, especialmente para las familias, el cenotafio es una forma de expresa que “aquí fue la última vez que vi a mi hijo, que estuvo mi hijo aquí, en este mundo”.
Por otro lado, el P. Delgado Suárez mencionó que, para otras personas, el cenotafio puede representar un “reclamo por la justicia”, como ocurre con “las madres o las familias que buscan a sus hijos y hacen algunos altarcitos”. De esta manera, pueden adquirir un doble significado: una expresión de fe, pero también “un signo de justicia”.

Si bien no son panteones ni criptas, el sacerdote hizo un llamado a las personas a guardar el debido respeto, al ser “signos que nos van haciendo una referencia hacia Dios”.
No existe una única forma para construirlas. Algunas consisten únicamente en una cruz y una placa con el nombre del fallecido; otras incluyen fotografías, flores, veladoras e imágenes religiosas. En ciertos casos, las familias levantan estructuras de mayor tamaño como si fueran panteones, a la orilla de una calle.

Para Guillermina Hernández Martínez, psicóloga y maestra en Tanatología, el significado de estos espacios “depende de la relación de la familia con la persona”.
En entrevista con ACI Prensa, destacó que “a veces, en las calles, las cruces ya están olvidadas”, mientras que otras permanecen cuidadas durante años.

Hernández Martínez advirtió que en estos casos este vínculo podría dificultar cerrar las heridas, pues “muchas veces siguen idealizando [a quien falleció] y no se permiten trabajar el duelo”, por lo que consideró indispensable el acompañamiento psicológico y tanatológico, especialmente ante una muerte violenta.
El duelo, explicó, es un proceso que requiere tiempo y acompañamiento, pero siempre se debe recordar que “es parte de la vida” y “como católicos, pues es un paso más para estar con Dios”.