P. Pasolini en Cuaresma:La conversión y la humildad, caminos para la paz en tiempos de conflicto

Este 6 de marzo comenzaron las prédicas de Cuaresma en el Aula Pablo VI del Vaticano, a cargo del fraile capuchino y Predicador de la Casa Pontificia, el P. Roberto Pasolini, inspiradas en la conversión de San Francisco de Asís. 

En la primera de las meditaciones, que se llevarán a cabo cada viernes hasta el 27 de marzo, el P. Pasolini reflexionó ante la presencia del Papa León XIV, miembros de la Curia Romana y empleados del Vaticano, sobre “La conversión: Seguir al Señor Jesús por el camino de la humildad”.

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Consciente de la crisis que atraviesa Oriente Medio y la creciente tensión de la violencia, el sacerdote señaló que, en estos días marcados por el dolor, “hablar de pequeñez podría parecer abstracto, casi un lujo espiritual”.

Al dirigir su mirada a la amenaza de la guerra, destacó que “la paz nace no sólo de acuerdos políticos, ni de estrategias diplomáticas o militares, sino de hombres y mujeres que encuentran el coraje de hacerse pequeños”.

Estas personas marcadas por la humildad son, según el P. Pasolini, “capaces de dar un paso atrás, de renunciar a la violencia en todas sus formas, de no ceder a la tentación de la venganza y opresión, de optar por el diálogo incluso cuando las circunstancias parecen negárselo”.

A continuación, definió al Santo de Asís como “un hombre traspasado por el fuego del Evangelio, capaz de reavivar en cada persona el anhelo de una nueva vida en el Espíritu”.

A la luz del ejemplo de San Francisco, el sacerdote planteó una pregunta como punto de partida: “¿Qué se entiende por conversión?”. “Es ante todo iniciativa de Dios, en la que el hombre está llamado a participar con toda su libertad”, afirmó.

Precisó, además, que ocurre “en lo más íntimo de nuestra naturaleza, donde la imagen de Dios impresa en nosotros espera ser despertada. Es cuando algo, durante mucho tiempo en silencio, comienza a vibrar de nuevo en el hombre”.

“La conversión ya no es un intento de enderezar la vida con las propias fuerzas, sino la respuesta a una gracia que ha redefinido los parámetros de nuestra forma de percibir, juzgar y desear”, añadió.

Para una verdadera conversión evangélica, el fraile subrayó que es necesario identificar la raíz del mal, es decir, el pecado, sin caer en la tentación de reducirlo “a un pequeño error o debilidad”.

Propuso para ello una “sanación profunda”, subrayando que “si ya no existe la posibilidad del verdadero mal, ni siquiera podemos creer en la posibilidad del verdadero bien. Si el pecado desaparece, incluso la santidad se convierte en un destino abstracto e incomprensible”.

Insistió en que la humildad “es un camino que todo bautizado está llamado a seguir si desea acoger plenamente la gracia de la vida en Cristo”. Además, remarcó que “no empobrece al hombre”, sino que lo restituye a sí mismo y a su verdadera grandeza. 

“El pecado original surge precisamente del rechazo de la humildad: de la negativa a aceptarse como un ser humano finito, dependiente de Dios. La conversión, entonces, sólo puede entenderse como un retorno a la humildad”, afirmó.

Por último, el P. Pasolini exhortó a una conversión continua y reiteró que la pequeñez evangélica es más necesaria “en los conflictos y las dificultades”.

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