Obispo invita a jóvenes a redescubrir su vocación más allá del éxito
Mons. José Manuel Garita Herrera, presidente de la Conferencia Episcopal de Costa Rica, animó a las nuevas generaciones a no reducir sus proyectos de vida a ingresos o logros académicos, sino redescubrir su vocación como un llamado al servicio.
En este mes de julio que la Iglesia Católica en el país dedica a los jóvenes, el también Obispo de Ciudad Quesada compartió una reflexión en la que lamentó que muchos jóvenes hayan “comenzado a desaparecer la palabra vocación” de su vocabulario.
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Explicó que esto no significa que “hayan dejado de estudiar o de trabajar, ni que carezcan de aspiraciones”, sino que ha cambiado el “modo en que interpretan su futuro”.
“Hoy predominan las conversaciones sobre carreras, empleos, oportunidades laborales y estabilidad económica, mientras que otras categorías más profundas van quedando al margen”, indicó.
El prelado aclaró que con esta reflexión no pretende “oponer trabajo y sentido de vida”. Al contrario, precisó que “el trabajo es una dimensión fundamental de la existencia humana y un medio legítimo de realización personal y social”.
“El problema ―continuó― surge cuando la vida entera queda reducida a esa sola perspectiva y entonces el horizonte se estrecha hasta el punto de que el futuro se mide únicamente en términos de ingresos, logros académicos o ascensos profesionales”.
Frente a esta realidad, Mons. Garita propuso retomar expresiones como “llamado, misión, propósito o servicio” con el fin de comprender la existencia “como algo más amplio que la simple construcción de una carrera” y asumir la vida también como “una responsabilidad hacia los demás”.
Asimismo, consideró que este mes es propicio para ir más allá de las metas profesionales o económicas, para pensar en “qué tipo de personas están llamadas a ser y qué bien concreto están en condiciones de aportar a la sociedad”.
“Recuperar este lenguaje es una necesidad urgente para evitar que el futuro se reduzca únicamente a una suma de trayectorias profesionales sin horizonte interior”, aseguró.
Asimismo, recordó que la vocación no es “una categoría exclusivamente religiosa”, sino que es una forma de comprender que “cada persona posee una singularidad irrepetible y que su existencia está llamada a convertirse en servicio”.
Finalmente, advirtió que “cuando una sociedad deja de hablar de vocación, corre el riesgo de formar vidas sin una dirección interior clara”, por lo que invitó a los fieles católicos a rezar para que aquellos que están discerniendo el futuro “descubran que su valor no depende de los logros que alcancen, sino de lo que son y del bien que están llamados a realizar”.