La crisis matrimonial detrás del descenso de la fertilidad en Estados Unidos

Para muchos estadounidenses, la adultez ya no sigue el flujo predecible que antes tenía. Terminar los estudios, comenzar una carrera y alcanzar estabilidad financiera se priorizan cada vez más por encima del matrimonio y la familia: hitos que durante mucho tiempo han definido la vida adulta.

Ese cambio está teniendo consecuencias medibles. Los datos provisionales más recientes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) muestran que la tasa general de fertilidad de Estados Unidos volvió a caer en 2025, hasta situarse en 53,1 nacimientos por cada 1.000 mujeres de 15 a 44 años. El año pasado nacieron alrededor de 3,6 millones de bebés, aproximadamente un 1 % menos que en 2024, lo que prolonga un descenso que ya se ha extendido por casi dos décadas. Desde su pico de 2007, la tasa ha caído cerca de un 23 %.

Recibe las principales noticias de ACI Prensa por WhatsApp y Telegram

Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Suscríbete a nuestros canales gratuitos hoy:

En apariencia, estas cifras ya no sorprenden. Pero los datos comparativos más recientes, de 2023, revelan una historia más elocuente: la fertilidad entre las mujeres casadas sigue siendo sustancialmente más alta que entre las no casadas, incluso mientras la fertilidad general disminuye. En 2023, las mujeres casadas dieron a luz a una tasa de 81,6 por cada 1.000, frente a 36,4 por cada 1.000 entre las mujeres no casadas.

En los últimos años, tanto las tasas de fertilidad de mujeres casadas como de no casadas han disminuido, aunque no al mismo ritmo. Las tasas de natalidad de las mujeres casadas bajaron de alrededor de 87,4 por cada 1.000 en 2017 a 80,8 en 2020, antes de repuntar ligeramente para 2023. En contraste, la fertilidad de las mujeres no casadas descendió de manera más constante, de aproximadamente 41,0 por cada 1.000 en 2017 a 38,6 en 2020 y 36,4 en 2023. La brecha entre ambas se mantuvo considerable.

Para los católicos preocupados por el futuro de las parroquias, las escuelas parroquiales y otras instituciones centradas en la familia, estos patrones son fundamentales. Leah Libresco Sargeant, escritora católica que cubre religión y política familiar, subrayó que lo que parece un problema de fertilidad en realidad es un problema de matrimonio.

“Los datos no fueron tan sorprendentes”, dijo al National Catholic Register. “Pero creo que a menudo no se enfatiza con precisión que en realidad no tenemos un colapso de la fertilidad; tenemos una caída de la fertilidad entre los no casados”.

Esa distinción es más que un matiz estadístico. Refleja si el matrimonio todavía se asume como una parte normal de la vida adulta, una cuestión con consecuencias directas para las parroquias, las escuelas y las comunidades católicas que dependen de una sólida participación familiar.

Libresco Sargeant destacó investigaciones de encuestas que respaldan esa preocupación. Estudiantes de secundaria reportaron una confianza decreciente en que eventualmente se casarán, o en que serán “casables”. Esa incertidumbre, dijo Libresco Sargeant, puede volverse autorreforzante. “Cuanto más dudas de eso”, afirmó, “menos razones hay para priorizar [el matrimonio] y tener hijos cuando piensas en cómo podría verse tu futuro”.

Las tendencias culturales también influyen. Libresco Sargeant señaló las líneas cada vez más difusas entre matrimonio y convivencia, así como el auge de las aplicaciones de citas, que con frecuencia priorizan la conveniencia por encima de la profundidad relacional.

El resultado es el retraso del matrimonio y de la maternidad/paternidad. Según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos de 2025, la edad media al contraer el primer matrimonio ha subido a 30,8 para los hombres y 28,4 para las mujeres, en comparación con 23,5 y 21,1 en 1975, respectivamente.

Muchos jóvenes adultos esperan hasta sentirse plenamente preparados —financieramente, emocionalmente o profesionalmente— sólo para descubrir que la ventana para el matrimonio, la crianza e incluso la posibilidad de ser abuelos se ha estrechado. “La gente suele pensar en lo que puede ganar en el tiempo intermedio mientras retrasa [esas decisiones]”, dijo, “pero no piensa en lo que está renunciando al final”.

Las familias católicas se ven particularmente afectadas por este cambio.

Datos recientes del Official Catholic Directory muestran que los matrimonios en Estados Unidos han caído de forma dramática en el último medio siglo. En 1970, se registraron alrededor de 426.000 matrimonios católicos. Para 2000, la cifra había descendido a aproximadamente 267.000, y en 2025, los datos provisionales mostraron apenas 108.000 parejas casadas: una caída de casi el 75 % respecto de hace más de cinco décadas, incluso cuando la población católica ha crecido de 47,8 millones en 1970 a 68 millones en la actualidad.

Como destacó el Register en su informe especial sobre los matrimonios católicos en 2025, este descenso es un problema serio para la Iglesia. A las parroquias les cuesta mantener ministerios familiares vigorosos, las escuelas católicas enfrentan una disminución de la matrícula y la vida sacramental de la comunidad se ve amenazada cuando menos jóvenes adultos consideran el matrimonio como un hito alcanzable o esencial.

Si bien la política pública puede aliviar algunas barreras económicas para formar una familia, los expertos subrayaron que los cambios culturales son los principales impulsores. “No se trata sólo de dinero”, dijo Libresco Sargeant. “Se trata de si el matrimonio todavía se ve como una etapa de la vida significativa y valorada”.

Patrick Brown, investigador del Ethics and Public Policy Center que estudia tendencias familiares y demográficas, situó estos cambios en un contexto más amplio. Advirtió contra atribuir el descenso de la fertilidad a una sola causa, y enfatizó que la prosperidad moderna ha reconfigurado tanto el matrimonio como la perspectiva de tener hijos.

“Vivimos en una sociedad cada vez más rica”, dijo Brown al Register. “Tienes que renunciar a más para tener un hijo que lo que renunciabas en un mundo donde todos trabajaban en la granja”.

En la práctica, eso ha hecho que la formación de la familia sea más deliberada y más desigual. Brown señaló que los descensos de la fertilidad han sido especialmente notorios entre las mujeres no casadas, las mujeres sin estudios universitarios y las minorías raciales jóvenes, mientras que las mujeres con estudios universitarios tienden más a postergar que a renunciar a tener hijos.

“No se están casando y no están teniendo hijos”, añadió. “Esas tasas desde luego no están cerca de los números que solíamos ver”. Brown describió esto como el motor central del descenso de la fertilidad posterior a la Gran Recesión y como una señal de advertencia que muestra “pocas evidencias de que vaya a detenerse pronto”.

Aun así, señaló, existe un “lado positivo”: los niños que nacen hoy tienen más probabilidades que en décadas anteriores de nacer dentro del matrimonio. Para los católicos, esa tendencia refuerza la importancia de fomentar el matrimonio tanto como vocación espiritual como institución social, no sólo para las personas involucradas, sino para la vitalidad de la Iglesia en su conjunto, incluyendo maneras prácticas y centradas en la comunidad para que las parejas puedan conocerse.

Reconocer la crisis matrimonial detrás de las últimas estadísticas de fertilidad de los CDC es un paso necesario para abordar los desafíos que ahora enfrenta la Iglesia. Para Libresco Sargeant, este momento exige una visión católica segura de lo que el matrimonio ofrece.

“Como mujer casada, creo que el matrimonio es estupendo”, dijo. “”No debería ser tan ‘difícil de vender’. Deberíamos acercarnos al matrimonio con un verdadero sentido de optimismo, en que estamos tratando de invitar a las personas a esta etapa de la vida que es a la vez desafiante y hermosa”.

Artículo publicado originalmente en el National Catholic Register. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.

Deja una respuesta