El Papa León XIV rezó el Ángelus en el día de la Asunción de la Virgen María
Al presidir la oración del Ángelus, en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen, el Papa León XIV propuso recurrir a dos modelos iconográficos con las que los artistas han representado este dogma mariano a lo largo de los siglos, para poder contemplar la profundidad de este misterio de la fe católica.
Icono de la dormición de María
Recibe las principales noticias de ACI Prensa por WhatsApp y Telegram
Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Suscríbete a nuestros canales gratuitos hoy:
El primer icono es el de la dormición de la Madre de Dios, una obra en la que la Virgen aparece “recostada sobre un ataúd, dormida en la muerte”, y a su alrededor se encuentran los apóstoles que la veneran en oración. En el centro está Jesús Resucitado quien, explicó el Santo Padre, sostiene en sus brazos el alma de María.
“Ha venido a buscarla para llevarla consigo a la gloria de Dios, ‘al cielo’, como decimos simbólicamente. El Señor ha cumplido en su Madre aquello que prometió a todos sus amigos: ‘Cuando vaya [al Padre] y les prepare un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo estén también ustedes’”, comentó el Papa.
“Este primer modelo pone de relieve la verdad central: es Cristo, muerto y resucitado, quien nos conduce a la meta a la que desde siempre hemos sido destinados, a la vida eterna. Es lo que generaciones y generaciones de fieles han contemplado al orar frente a las imágenes de la Dormición, y que se puede admirar en Roma, en el gran mosaico del ábside de la Basílica de Santa María la Mayor”, añadió.
La iconografía moderna
La segunda imagen que propuso el Pontífice son todas las obras que se desarrollaron posteriormente en Occidente. En ellas se nos presenta usualmente a la Santísima Virgen “de cuerpo entero” y en el Cielo, rodeada de luz, con ángeles y santos a su alrededor. El cuerpo glorificado de la Madre de Dios toma el protagonismo, de acuerdo al libro del Apocalipsis.
“Algunos artistas han juntado ambos esquemas, representando a la Virgen gloriosa en alto y su tumba vacía abajo, frecuentemente llena de flores de diversos colores, y a los apóstoles con la mirada fija hacia ella, en el cielo”, explicó el Papa León XIV.
“Este segundo modelo pone de relieve la verdad de que María fue asunta en cuerpo y alma, es decir, en la integridad de su persona. Esa mujer que en la tierra dio cuerpo y sangre al Verbo encarnado y lo siguió hasta la unión perfecta en el sacrificio de amor, fue atraída por Él a la gloria para siempre”, agregó.
Así, León XIV aseguró que esta iconografía “nos permite también contemplar nuestro destino final”, entendiendo que estamos llamados “a la plenitud de la vida” que contemplamos llenos de alegría en María y que “nos espera también a nosotros, al final de los tiempos”.
“Entonces, con nuestra carne transformada por el amor del Redentor, viviremos para siempre, en la fiesta sin fin. ¡Alabemos al Señor, que ha hecho grandes cosas en su Santísima Madre, que es también la nuestra!”, exclamó León XIV.
Antes de despedirse, después de la oración que tuvo lugar en la Plaza de la Libertad de Castel Gandolfo, el Santo Padre remarcó que la Asunción de la Virgen es un signo de “esperanza y consuelo” para la humanidad e invocó “su intercesión maternal” para todas aquellas comunidades que necesitan “ser consoladas y seguir teniendo esperanza”.
“Pienso en los hermanos y hermanas de Tierra Santa, que es también, por excelencia, la Tierra de María. Pienso en el pueblo ucraniano y en el pueblo ruso, ambos unidos por una devoción filial a la Santa Madre de Dios. Pienso en los cristianos que sufren discriminación o incluso persecución”, aseguró.
“Sigo rezando en estos días por la población colombiana que sufre a causa del terremoto. Me uno a estas comunidades y a todas aquellas que viven en contextos difíciles, y junto con ellas exclamo: ‘¡Santa María, ruega por nosotros!’”.
