Día del Seminario: La Psicología ayuda a descubrir lo que el amor del Señor sana 

El psicólogo Jesús María García analiza la importancia del trabajo psicológico que se realiza con los candidatos al sacerdocio desde su experiencia de más de 30 años colaborando con el Seminario Conciliar de Madrid. 

En la mayoría de las diócesis de España este domingo 22 de marzo, el más próximo a la fiesta de San José, se celebra el día del seminario, una institución esencial en la vida diocesana.  

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Desde hace un tiempo, García dedica más tiempo a colaborar en el seminario menor, pero han sido muchos los jóvenes  —y no tan jóvenes— a los que ha ayudado a madurar como hombres que se preparan para abrazar la vocación sacerdotal.  

Ya desde el curso propedéutico “se trabaja al hombre. Luego, en los cursos más adelante, se trabaja el discípulo y luego, con el pastor. Siempre se trabaja con el hombre, porque sin una buena humanidad no hay discipulado ni pastoreo. En esos primeros años es fundamental trabajar la humanidad, su maduración, sus inquietudes, sus intereses, su personalidad”, resume el experto, que recibe a ACI Prensa en su despacho del seminario menor.  

Ya desde las primeras fases, se examina psicológicamente al candidato y, “ante problemas de personalidad graves, se evalúa si es apto o no. También se intenta ver si hay un cambio, una transformación. Pero si hay una desviación de personalidad, un trastorno de personalidad o algo que sea grave, a veces se le invita a dejarlo”. 

Jesús María García, psicólogo del Seminario Conciliar de Madrid. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.
Jesús María García, psicólogo del Seminario Conciliar de Madrid. Crédito: Nicolás de Cárdenas / ACI Prensa.

El trabajo no es sólo psicológico. “También hay un trabajo con el director espiritual, que trabaja la parte más espiritual, con el formador, que ve cómo convive de forma más externa”, apunta el especialista.  

En los últimos años, y aunque siguen llegando candidatos jóvenes, muchos ya tienen una edad más avanzada: “Están muy hechos, Quiero decir que ya han pasado por muchas situaciones, muchas experiencias y, verdaderamente, ya tienen un bagaje, una riqueza personal muy grande. Dices: ¡Qué gente tan magnífica! Aun así, siempre hay trabajo que hacer”, añade. 

Entre los retos más habituales, se encuentra la resolución de algunas obsesiones como la tendencia a la rigidez, a ser muy exigentes con ellos mismos, a ser muy perfeccionistas.  

En ocasiones, por el estudio de la Filosofía, “se vuelven muy racionalistas” y entonces hay que ayudarlos a que “despierten a lo emocional de la fe y de la vida”, pero sin que se hagan “emocionalistas, que hoy tienden mucho a lo emocional”. 

El trabajo psicológico con los seminaristas también pasa por trabajar la familia de origen. “Se hace una historia de vida”, explica García, en la que se analiza cómo han vivido esos vínculos, en una sociedad en las que las rupturas familiares son comunes. En particular, si ha habido “absorción de la madre” o “poca identificación con el padre, porque a veces ha estado ausente o no ha sido el mejor ejemplo”.  

Ante todos los problemas psicológicos que puedan surgir, García destaca la importancia de lo espiritual: “La vida espiritual sana lo que más, porque se sienten amados por el Señor, elegidos y amagos con el gozo del Espíritu. Entonces, luego es muy fácil trabajar los psicológico, que ayuda a descubrir lo que luego el Señor sana muchísimo, porque el amor del Señor lo sana todo. O, por lo menos, te da fuerzas para vivir con ello”. 

En ocasiones, estos procesos exigen un año fuera del seminario y, si se ha fortalecido la parte humana, vuelven.  

Virtudes psicológicas del sacerdote 

A preguntas de ACI Prensa, Jesús María García detalla algunas de las virtudes y características psicológicas que debería tener todo candidato al sacerdocio. 

“Van a vivir muchas incomprensiones, fracasos, luchas”, describe, motivo por el cual es necesario “pasar del fracaso al fruto, que estén pendientes del fruto”.  

Por otro lado, es necesario combatir la autosuficiencia: “Tiene que ser un liderazgo que genere líderes, que genere personas activas, no un pastoreo con ovejas que obedecen de forma sumisa”.  

Esto, añade, “no quiere decir que haga lo que le digan todos”. Como sacerdote, conserva su autoridad: “Se mantiene en su rol, pero sabe conectar con otros roles”.  

Además, el experto considera que el seminarista debe ser “una persona de hondura, porque hay que acompañar muchísimo, es lo que más hay que hacer”. “La persona tiene que sentir que es importante para su pastor, que le está acompañando, que está con él, que sabe entenderle, que sabe llevarle, que sabe lo que pasa el ser humano, que está conectado con su vida”, añade. 

Otra característica importante del seminarista es que sea un hombre de oración, de tal manera que “la presencia de Dios se haga casi como que se le pueda tocar. Porque él está en contacto y, al estar en contacto, lo refleja”. 

Jesús María, ya casi jubilado, se siente un privilegiado por haber ayudado a los seminaristas de la Archidiócesis de Madrid a lo largo de tantos años: “¡Qué privilegio tengo! Ni soy el mejor psicólogo, ni el mejor teólogo. ¡Cómo el Señor me ha llamado a acompañar a algunos hermanos que van a ser pastores o que lo son! Es como un don de Dios”, concluye.  

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