Así es hoy la Guardia Nacional Cristera, el ejército que ahora lucha una guerra espiritual  

A casi un siglo de su fundación por el general Enrique Gorostieta, la Guardia Nacional Cristera ha transformado su estructura militar en una misión de combate espiritual. Hoy, integrada en la Dimensión Episcopal para los Laicos (DELAI) de la Conferencia del Episcopado Mexicano, sus miembros consideran que “la guerra ahora no es física, es espiritual”. 

Así lo asegura a ACI Prensa Juan José Ramírez, actualmente secretario general de la Guardia Nacional Cristera. Aunque ya no son los años del gobierno de Plutarco Elías Calles, cuya brutal represión de la libertad religiosa a inicios del siglo XX desencadenó la gesta cristera en México, “la hostilidad continúa a través de diferentes formas”. 

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Los textos del Beato Anacleto González —gran pensador católico, apodado el “Sócrates tapatío”, martirizado en abril de 1927 y hoy patrono del laicado mexicano—, “en ocasiones parecería que fueron escritos ayer y no hace un siglo”, dijo Ramírez. 

Sin embargo, reiteró que “ahorita esa batalla es espiritual”. 

El general Enrique Gorostieta —una de las figuras claves en la gesta cristera iniciada en 1926— fundó la Guardia Nacional Cristera en 1928, sobre las bases de lo que fue la Liga Nacional de la Defensa de la Libertad Religiosa. Llegó a tener decenas de miles de integrantes, que hacían frente al ejército federal que perseguía y asesinaba a laicos y sacerdotes católicos. 

“La Guardia Nacional es el pueblo mismo; es la institución que en el pasado y en el presente de esta lucha se ha hecho solidaria de la ofensa inferida al pueblo mexicano, en un tiempo indefenso, por mexicanos traidores”, escribió Gorostieta en una carta citada por el historiador francomexicano Jean Meyer en su obra La Cristiada.

Miembros de la Guardia Nacional Cristera participan en Misa del Día de Pentecostés de 2025 en el municipio de Atotonilco el Alto, Jalisco, y recuerdan al fallecido general Enrique Gorostieta, su fundador. Crédito: Cortesía de la Guardia Nacional Cristera.
Miembros de la Guardia Nacional Cristera participan en Misa del Día de Pentecostés de 2025 en el municipio de Atotonilco el Alto, Jalisco, y recuerdan al fallecido general Enrique Gorostieta, su fundador. Crédito: Cortesía de la Guardia Nacional Cristera.

“El último recurso ante el acoso de las autoridades” 

El 31 de julio de 1926 entró en vigor la “Ley sobre delitos y faltas en materia de culto religioso y disciplina externa”, conocida popularmente como “Ley Calles”, al ser promulgada por Plutarco Elías Calles. Sus graves restricciones a la práctica de la fe llevaron a los obispos mexicanos a decretar que desde ese mismo día se suspendía el culto público. 

La reacción del gobierno federal fue incrementar la violencia, atacando los templos católicos y persiguiendo a los creyentes hasta el punto del martirio. 

Es en ese contexto que diversos grupos de católicos, especialmente en estados como Jalisco, Guanajuato y Michoacán, se levantan en armas contra las autoridades. 

Juan José Ramírez destacó que algunos obispos le llaman a este periodo “resistencia cristera”, algo que tiene sentido, dijo, pues “eso fue lo que pasó: no fue algo que provocara el pueblo católico, sino fue una reacción, fue el último recurso que tuvieron ante el acoso de las autoridades”. 

La Cristiada o Guerra Cristera, como también se le conoce a ese periodo, que se extendió formalmente hasta junio de 1929, cuando se llegó a “los Arreglos” entre autoridades federales y eclesiales, cobró miles de vidas. La Conferencia del Episcopado Mexicano estima que fueron “más de 200 mil mártires que entregaron sus vidas defendiendo su fe”, al grito de “¡Viva Cristo Rey!”. 

Pero la persecución militar continuaría en años posteriores. Asegura Jean Meyer en La Cristiada que “todos los antiguos cristeros dicen: ‘Han muerto más después de los ‘arreglos’ que durante la guerra’”. 

El general Jesús Degollado Guízar, sucesor de Gorostieta, reactivó la Guardia Nacional Cristera en la década de 1950, en el marco de conmemoraciones de la gesta cristera. La Guardia se mantiene activa hasta la fecha, sumando actualmente alrededor de 2.500 integrantes repartidos en el territorio mexicano. 

Integrados a las estructuras de la Iglesia en México 

Aunque ahondar en la gesta cristera revela desencuentros entre los católicos alzados en armas y muchos obispos mexicanos, la Guardia Nacional Cristera en el presente se ha integrado a la Dimensión Episcopal para los Laicos, de la mano de su presidente, Mons. Víctor Alejandro Aguilar, Obispo de Celaya, Guanajuato. 

“Nos fuimos acercando”, recordó Juan José Ramírez, y “Dios manda a pastores muy inteligentes, como es el caso de Mons. Víctor Alejandro”, que les permitió sumarse e integrarse así con las diversas organizaciones laicas católicas que existen en México, algo que, aseguró, les ha dejado “unas enseñanzas fabulosas”. 

También agradeció la asistencia y guía del actual capellán general de la Guardia Nacional Cristera, Mons. Jorge Alberto Cavazos Arizpe, Arzobispo de San Luis Potosí. 

“Memoria viva” 

A inicios del año, el presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano y Obispo de Cuernavaca, Mons. Ramón Castro Castro, le envió un mensaje a la Guardia Nacional Cristera, asegurando a sus integrantes “mi bendición y mi agradecimiento”. 

“Ustedes son memoria viva de una historia tan importante en nuestro querido país”, dijo el prelado, subrayando que “han mantenido precisamente la conciencia de lo que es y de lo que significa la historia” de la gesta cristera, cuyo centenario “el Episcopado no lo quiere dejar como algo nostálgico, sino que nos venga a sembrar desde toda la conciencia de lo que significa ser un verdadero discípulo del Señor”. 

“Ojalá que este centenario también renueve los corazones de todos los católicos. Y son ustedes ese fermento que está ayudando para que así sea”, expresó Mons. Castro Castro. 

“La Cristiada no se podría entender, no podría haber existido sin el papel tan importante y decisivo de la mujer”, asegura María del Rocío Contreras, actual jefa de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco. Crédito: Cortesía de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco.
“La Cristiada no se podría entender, no podría haber existido sin el papel tan importante y decisivo de la mujer”, asegura María del Rocío Contreras, actual jefa de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco. Crédito: Cortesía de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco.

El papel decisivo de las mujeres en la Cristiada 

En la gesta cristera, el papel de las mujeres no fue secundario, sino fundamental. De la mano de la Guardia Nacional Cristera van las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco. 

María del Rocío Contreras, actual jefa de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco, es determinante: “la Cristiada no se podría entender, no podría haber existido sin el papel tan importante y decisivo de la mujer”. 

En diálogo con ACI Prensa, Contreras recordó que precedieron a las Brigadas las llamadas “Damas Católicas”, que surgieron antes de que estallara el periodo más sangriento de la persecución del gobierno federal. 

“Ellas ayudaban a salvaguardar la religión y la patria”, dijo, en actividades de caridad como visitas a asilos y ayuda a las iglesias, así como en la inicial resistencia pacífica de los católicos. Para 1927, María Guadalupe Goyas y Luis Flores González, recuerda, “fundaron las Brigadas Santa Juana de Arco”. 

Su labor, dijo, se realizaba en un secreto absoluto, y “estaban muy bien organizadas y muy bien coordinadas”, proveyendo “casas de seguridad para los sacerdotes, refugios clandestinos”, al tiempo que “alimentaban a soldados” y “como enfermeras”. 

Otra de las ramas del trabajo femenino durante la gesta cristera fue el de las finanzas, señaló, indicando que “hacían colectas entre fieles, venta de ropa, venta de sus propias cosas, de joyas, de lo que tuvieran. Ellas se encargaban de proveer dinero”. 

También establecieron “una red de mensajería impresionante”, así como “agentes encubiertos” que llevaban información e incluso armas entre grupos cristeros. 

En poco tiempo, pasaron de ser entre 16 o 17 mujeres a 17.000, señaló, “y pasaron muy desapercibidas”, porque “las subestimaron”. 

“Herederas de una valentía silenciosa” 

Hoy, las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco han cambiado las labores de guerra por “la batalla contra la indiferencia y el olvido de nuestras raíces cristianas”. María del Rocío Contreras asegura que se consideran “herederas de una valentía silenciosa, pero eficaz”. 

“El mayor reto hoy no es esconderse en cuevas para ir a Misa, sino tener la valentía de decirse católico en un mundo que a veces parece rechazar a Dios”, aseguró. 

Ella misma integrante de una familia con raíces cristeras en Zacatecas, se considera “muy honrada de participar y ayudar con mi pequeño granito de arena” en las Brigadas. “Creo que es una deuda que tenemos con todos nuestros abuelos y bisabuelos”, expresó. 

Peregrinación a caballo de la Guardia Nacional Cristera, en marzo de 2024. A la izquierda, uno de los jinetes lleva a su espalda la imagen del mártir adolescente San José Sánchez del Río. Crédito: Cortesía de la Guardia Nacional Cristera.
Peregrinación a caballo de la Guardia Nacional Cristera, en marzo de 2024. A la izquierda, uno de los jinetes lleva a su espalda la imagen del mártir adolescente San José Sánchez del Río. Crédito: Cortesía de la Guardia Nacional Cristera.

Semilla de nuevas conversiones 

Para Juan José Ramírez, el objetivo final de la Guardia Nacional Cristera en pleno siglo XXI no es la nostalgia, sino la conversión. “Podemos hacer mil Misas, cabalgatas, horas santas, lo que tú quieras, pero si no logramos un acercamiento a Dios Nuestro Señor, empezando por nosotros mismos, nuestra labor sería muy floja”, sentenció. 

Ramírez recordó que la devoción a figuras como San Pedro Esqueda o San José Sánchez del Río está logrando que personas alejadas de la fe regresen a los sacramentos. “Dios me trajo, Dios sabrá”, dice citando al mártir Pedro Esqueda, resumiendo así su propia historia en la Guardia. 

A las puertas del centenario de la gesta, la Guardia Nacional Cristera busca que el sacrificio de los mártires mexicanos siga siendo, como decía Tertuliano, semilla de nuevos cristianos. “Esta historia te atrapa porque es una riqueza espiritual importante”, concluyó Ramírez, invitando a los laicos a no tener miedo de dar testimonio de su fe en la vida pública. 

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