9 sacerdotes mártires salesianos y 2 checos: Los 11 nuevos beatos elevados hoy a los altares
La Iglesia Católica cuenta desde este sábado 6 de junio con 11 nuevos beatos: 9 sacerdotes salesianos martirizados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial en Polonia; y dos sacerdotes checos martirizados por los comunistas entre 1951 y 1952.
Jan Świerc y ocho compañeros mártires salesianos
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El Cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, presidió este 6 de junio la Misa de beatificación de Jan Świerc y ocho compañeros: Ignacy Antonowicz, Ignacy Dobiasz, Karol Golda, Franciszek Harazim, Franciszek Miśka, Ludwik Mroczek, Włodzimierz Szembek y Kazimierz Wojciechowski.

La Eucaristía se celebró en Cracovia (Polonia), en el Santuario de San Juan Pablo II.
Estos sacerdotes, explica el Dicasterio para las Causas de los Santos, fueron martirizados en los campos de concentración de Auschwitz y Dachau entre 1941 y 1942, “tanto por asesinato directo como por tortura y penurias”.
“La particular crueldad reservada al clero polaco, perseguido y ultrajado durante los años de la ocupación nazi de Polonia”, desde 1939, “se evidencia en el trato que recibieron”.
Estos sacerdotes, resalta el dicasterio, ofrecieron en el campo de concentración “consuelo espiritual a sus compañeros prisioneros y, a pesar de las humillaciones y torturas que sufrieron, continuaron manifestando su fe”.
En su homilía, el Cardenal Semeraro señaló que el testimonio de estos nueve salesianos es “una verdadera semilla de paz y fraternidad en una época tan oscura y violenta”. Su martirio “fue una página dramática en la historia”, indicó, según señala Vatican News. Estos “hijos de San Juan Bosco” se entregaron “como Cristo y con Cristo dieron sus vidas”, remarcó.
Tras recordar a otros polacos que han llegado a los altares como San Juan Pablo II, Santa Faustina Kowalska (vidente de la Divina Misericordia), y el venerable Jan Tyranowski, amigo del primero, el cardenal resaltó que los nuevos beatos no huyeron del peligro, sino que permanecieron fieles en su vocación hasta la muerte.
El ejemplo de los nuevos beatos salesianos, dijo el cardenal, recuerda que Cristo hace “la vida bella y grandiosa” para realizar “los anhelos más profundos del hombre”.
Tras recordar el llamado de Juan Pablo II a no tener miedo, el Cardenal Semeraro explicó que “ser santo significa ante todo escuchar la voluntad de Dios, sin dejarse abatir por el cansancio y la desmotivación”.
“Lo único que se nos pide es recuperar la capacidad de reconocer la voz del Buen Pastor, pertenecerle cada vez más profundamente y ser capaces de tomar decisiones valientes, como verdaderos discípulos de Cristo y de su cruz”, aseguró.
Estos nuevos beatos, destacó el cardenal, son testimonio del “don de la paz” ante las guerras del mundo actual para que, ante la oscuridad, haya quienes puedan traer “una luz de esperanza, amor y fraternidad”.
2 sacerdotes mártires checos
También este sábado, en la ciudad de Brno en República Checa, fueron beatificados los sacerdotes Jan Bula y Václav Drbola, asesinados entre 1951 y 1952 por el régimen comunista que gobernaba la entonces Checoslovaquia desde 1948, tras la Segunda Guerra Mundial.

El Dicasterio para las Causas de los Santos explica que Jan Bula fue arrestado el 30 de abril de 1951, “víctima de una conspiración de la policía secreta del estado. A pesar de estar en prisión, fue acusado de instigar el asesinato de varios funcionarios comunistas en Babice el 2 de julio de 1951. Juzgado y condenado a muerte, fue ahorcado el 20 de mayo de 1952 en la prisión de Jihlava”.
Václav Drbola, por su parte, “fue arrestado con falsos pretextos el 17 de junio de 1951 y acusado del intento de asesinato de Babice, ocurrido mientras también se encontraba en prisión. Condenado a muerte, fue ejecutado el 3 de agosto de 1951 en Jihlava”.
“No eran ni revolucionarios ni activistas políticos”, sino pastores que querían servir a su pueblo y predicar el Evangelio, mientras que el régimen “exigía no solo obediencia externa, sino también la destrucción espiritual de la persona interior”, dijo en la homilía de la Misa el Cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
“Su culpa, a ojos del régimen, no radicaba en la violencia, sino en su negativa a traicionar su conciencia sacerdotal. No querían convertirse en instrumentos de ideología y represión. No estaban dispuestos a repetir palabras que se veían obligados a pronunciar, ni a guardar silencio donde el silencio equivalía a una mentira”, indicó el purpurado, según informa Vatican News.
“Parecía que sus vidas habían terminado en fracaso. Parecía que el régimen totalitario había triunfado. Pero la perspectiva de Dios es diferente: la fidelidad nunca es una pérdida, ni siquiera cuando se carga con la cruz”, subrayó.
El cardenal destacó que ambos sacerdotes “permanecieron fieles, no por un instante, sino a lo largo del tiempo”, incluso sufriendo torturas y penurias.
Hablando luego del momento actual y del legado de los nuevos beatos, Czerny afirmó que “la sociedad contemporánea no castiga con violencia directa, sino con el ridículo, la marginación y el silencio. Y es precisamente por eso que su testimonio (de ambos sacerdotes) es tan profundamente relevante hoy en día”.
Por eso animó a los fieles a seguir el ejemplo de los dos nuevos beatos, que alientan a todos para “no traicionar la verdad por conveniencia o para evitar conflictos; a no intercambiar la fe por la aprobación de los demás; a no optar por el silencio cuando debemos dar testimonio; a no sacrificar nuestra conciencia por conveniencia, carrera o conformidad”.
