El Papa León XIV celebró la Misa de la Natividad de la Virgen María en Genazzano
Durante la Misa de la Natividad de María, el Papa León XIV aseguró que a pesar de que los evangelios no profundizan acerca de la vida y obras de la Virgen, es posible saber más sobre ella a través de la contemplación.
El Santo Padre celebró la Eucaristía en la Basílica Santuario de la Madre del Buen Consejo, en localidad italiana de Genazzano, a la que llegó en horas de la tarde.
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Este templo —elevado a basílica por León XIII en 1903— tiene un lugar predilecto en el corazón del actual pontífice, pues visitó esta iglesia el 10 de mayo de 2025, dos días después de haber sido elegido sucesor de Pedro.
Al llegar a la basílica, León XIV dedicó unos momentos de oración frente al altar mayor y luego delante de la imagen de la Virgen del Buen Consejo, a la que obsequió una rosa de oro con tres ramas.
En la base de la rosa figuran los escudos del santuario, de Martín V —el primer Papa en donar una rosa de oro en 1431, pero que se perdió durante la época napoleónica— de León XIII y de León XIV.
Por su parte, la comunidad agustiniana que administra la basílica obsequió al Pontífice una reliquia ex ossibus (un fragmento de hueso) del Beato Stefano Bellesini, agustino y párroco del santuario, cuyos restos mortales son venerados en esta iglesia.
Asimismo, León XIV desveló el fresco que lo representa orando ante la venerada imagen de la Madre del Buen Consejo, obra de Marco Innocenzi y que forma parte de la tradición de retratos de los pontífices que han visitado el santuario: Urbano VIII en 1630, el Beato Pío IX en 1864, San Juan XXIII en 1959 y San Juan Pablo II en 1993.
Conocer más sobre la Virgen María
En su homilía, el Papa León XIV recordó su anterior visita al santuario y la devoción que tiene por la Madre del Buen Consejo, encomendándole a ella “todo lo que aún está naciendo en esta pobre pero magnífica humanidad: frágil como un brote, pero signo de la fidelidad de Dios”, ello porque “María es el amanecer de un día diferente, de nuestro mundo finalmente liberado del mal”.
Sin embargo, el Pontífice recordó que los evangelistas no profundizaron en la vida de la Madre de Dios, ni relataron episodios de su infancia, sus hábitos, virtudes, un hecho que motivó la reflexión de Santo Tomás de Villanueva, fraile agustino del siglo XVI y Arzobispo de Valencia (España).
Santo Tomás de Villanueva “supo ver la paradoja de la pequeñez de María y, por así decirlo, su marginalidad, que se convirtió en el centro de la economía de la salvación”, afirmó el Papa.
León XIV dijo que el fraile agustino se preguntaba por qué no se habló tan extensamente de María como sucedió con figuras como San Juan Bautista y los apóstoles, a pesar de que la Virgen “supera a todas las demás en su experiencia y su grandeza personal”.
“El Evangelio según Mateo, sin embargo, parece dar la razón a Santo Tomás de Villanueva con su silencio”, señaló el Papa, en referencia al pasaje de la genealogía de Jesús leído durante la Misa.
“Lo hemos oído: relata la presencia de María, pero ni una palabra. Y, sin embargo, la simple existencia de María —y del Hijo en ella— mueve toda la historia: la de José y toda su familia. La presencia de María provoca un salto en la genealogía, como una novedad inesperada, capaz de modificar no solo las expectativas, sino también el comportamiento predecible de un hombre (…). En María, la salvación encuentra su hogar: ¡Dios está con nosotros!”, afirmó el Pontífice.
León XIV recurrió nuevamente a Santo Tomás de Villanueva, quien escribió: “Lo único que se me ocurre es que fue tan grata al Espíritu Santo, y que por impulso los evangelistas guardaron silencio sobre ella, por la sencilla razón de que la gloria de la Virgen, como leemos en el salmo, residía toda en ella (…)”, porque “basta con lo expresado en el título: que de ella nació Jesús. ¿Qué más queréis saber? ¿Qué más buscáis en la Virgen? Os basta con saber que es la Madre de Dios”.
Por ello, el Papa invitó a seguir la recomendación de Santo Tomás de Villanueva, de dejar volar la imaginación, ampliar los límites del entendimiento y pintar en lo más profundo del alma “a una joven purísima, prudente, bellísima, devota, humilde, dulce, llena de toda gracia, riquísima en santidad, adornada con toda virtud, embellecida con todo carisma, absolutamente grata a Dios”.
“El Espíritu Santo no la describió por escrito, sino que esperó a que la pintaras interiormente”, afirmó entonces el santo español.
En ese sentido, el Papa León XIV señaló que ello se logra con la oración contemplativa. “Queridos hermanos y hermanas, es precisamente así: en la oración contemplativa toma forma lo que el mundo no nos cuenta, pero ya existe; lo que aún es invisible, pero que en sí tiene un nuevo tipo de fuerza. No se trata de fantasía, sino de profecía. Necesitamos, en tiempos de destrucción e incertidumbre, ver la obra de Dios y servirle”.
“En la pequeña Belén —dijo el Pontífice—, el profeta Miqueas presentía el surgimiento de un Rey de paz, gracias al cual pudimos finalmente habitar la tierra con seguridad. Y hoy, en la Colecta, dirigiéndonos a la pequeña María, pedimos que ‘la celebración de su nacimiento aumente nuestra paz'”.
Por ello, León XIV concluyó su homilía pidiendo a Dios el don de la paz y animando a las personas a dejarla crecer en su nuestro interior para que brote en el mundo. “Y la Madre del Buen Consejo nos acompañará en esta misión”, expresó.