Obispo de Barbastro cuestiona el papel del Comisario Pontificio de Torreciudad

El Obispo de Barbastro-Monzón (España), Mons. Ángel Pérez Pueyo, cuestiona el papel del Comisario Pontificio sobre el Santuario de Torreciudad y reitera que dimitirá si no decide el traslado de la Virgen de los Ángeles a su ermita original de forma permanente.

Mons. Alejandro Arellano Cedillo, decano del Tribunal de la Rota Romana, fue designado por el Papa Francisco en octubre de 2024 para abordar las diferencias entre este obispado y el Opus Dei por Torreciudad.

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El Pontífice tomó la decisión después de que Mons. Pérez Pueyo elevara la cuestión al Vaticano, después de dos años de fuertes discrepancias.

“He contemplado en estos meses cómo el comisario plenipotenciario sobre el complejo de Torreciudad se transformaba en una especie de mediación entre ellos [por el Opus Dei] y la diócesis, como si este pueblo que espera justicia tuviese que aceptar renuncias en vez de defender sus derechos”, asevera el prelado en un comunicado, escrito a modo de carta, remitido a los medios este lunes 31 de agosto de 2026.

Es la primera vez que Mons. Pérez Pueyo cuestiona la labor de Mons. Arellano, pese a que fue el prelado quien pidió al Papa Francisco que se nombrara un comisario. Antes incluso de su nombramiento oficial, señaló en una entrevista radiofónica que “a partir de este momento ya es la Santa Sede la que determinará las cosas como ella considere. Y nosotros le hemos dicho: nosotros acataremos aquello que ustedes consideren que es lo mejor para todos”.

Cuando se conoció el nombramiento, el obispado reiteró “su absoluta confianza en las resoluciones de la Santa Sede y se pone a disposición del Comisario Pontificio, con quien colaborará en todo aquello que sea necesario”.

En diciembre de 2024 defendió en el medio regional El Cruzado Aragonés la pertinencia de que se nombrara un comisario porque “tras cuatro años de conversaciones, veinte reuniones y numerosos interlocutores, hemos de ser humildes y pedir que, en busca del bien para todos, resuelva una instancia superior. No tiene más”.

Sin embargo, en la misiva de este lunes, el obispo, que pondera “todo el bien espiritual que, durante cincuenta años, se ha realizado en el templo de Torreciudad”, sostiene que “la comunión no implica ceder a la dignidad” y que “la paz de la Iglesia no puede levantarse sobre el silencio de un pueblo al que se pide que renuncie a su propia memoria”, en referencia a la veneración milenaria de la imagen de nuestra Señora de los Ángeles.

“Hasta llevársela”

El comunicado del Obispo de Barbastro-Monzón está motivado por el hecho de que el próximo 5 de septiembre, con motivo de una romería local, la talla medieval de la Virgen va a ser trasladada de forma temporal desde el tempo nuevo de Torreciudad a la ermita original, como adelantó a mediados de agosto el obispado. 

Según informó días después el Santuario de Torreciudad, el cambio de ubicación temporal fue pedido por Mons. Pérez Pueyo a los responsables del santuario, quienes lo trasladaron al comisario pontificio, que autorizó “que la talla original sea llevada a la ermita y permanezca allí durante la celebración”.

Mons. Pérez Pueyo defiende en su carta que “no estamos ante un traslado más ni ante una simple jornada de celebración. Hay algo mucho más hondo” que conecta con la reivindicación defendida por el obispo, origen de esta disputa con el Opus Dei: “Que la Madre permanezca en su casa de siempre, donde siempre estuvo durante más de mil años hasta llevársela hace cincuenta”.

En esta línea argumental, se afirma que la documentación histórica y jurídica reunida por la diócesis “impide considerar la salida de la imagen de su ermita como una renuncia voluntaria de este pueblo a su custodia y a su lugar originario”. Y añade: “Su salida autorizada, acorde a derecho, no nos consta en los archivos del Cabildo ni de la Diócesis”.

En el origen del traslado, sin embargo, constan los acuerdos firmados por Mons. Jaime Flores Martín, Obispo de Barbastro-Monzón “en nombre propio y como representante de la diócesis” al respecto, como figura en el acta notarial que refrenda el censo enfitéutico de 1962 por el que se cedieron a perpetuidad “la ermita junto la hospedería y dependencias anejas” y el “derecho a exponer y conservar la imagen, debiendo mantener el culto”, a cambio de conservarla y restaurarla.

Cuatro años después, al constatar el aumento de los peregrinos año a año hasta el lugar y con el fin de crear un espacio mayor donde acogerlos, Mons. Flores autorizó la construcción del nuevo templo en Torreciudad, el traslado de la talla a Madrid para su restauración y encomendó su custodia al consiliario del Opus Dei en España para que “reciba allí culto con gran dignidad y decoro”.

Aviso de dimisión: “Nunca firmaría ese improbable expolio”

Por otro lado, Mons. Pérez Pueyo vuelve a recordar manuscritos del Papa Francisco y conversaciones con el Pontífice en las que le habría mostrado su apoyo en el objetivo de que la talla retorne a la ermita original, incluso advirtiéndole de “las intrigas mafiosas que están en curso”.

“Esas palabras pesan sobre mi conciencia de obispo y pastor de este pueblo”, señala el prelado, quien se compara con la historia del anciano Eleazar, recogida en el segundo Libro de los Macabeos, a quien “quisieron ofrecerle una salida aparentemente prudente: bastaba con fingir. Podía salvar la vida y evitar el sufrimiento”.

Con esta referencia, añade: “Yo no puedo firmar, aprobar ni consentir una fórmula que prive a este pueblo de Barbastro-Monzón de su propia Madre, o que la convierta en alguien extraño que haga algunas visitas a sus hijos desde casa ajena”.

Al final de su alegato, el prelado promete a sus feligreses: “Tened por seguro que vuestro pastor nunca firmaría ese improbable expolio a vuestra dignidad. Pondría en tal caso mi cargo a disposición por lealtad a nuestro pueblo”, en una apuesta que se cierne sobre el encargo mediador del Comisario Pontificio.

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