“Deseo morir y estar con Cristo”: La frase del sacerdote que dio su vida por salvar a monaguillos
“Deseo morir y estar con Cristo” era la frase que solía repetir el P. Alfonso Avilés Pérez, uno de los dos sacerdotes que dio su vida el 13 de marzo para salvar a dos monaguillos que estaban en peligro de ahogarse en una playa cercana a Guayaquil, en Ecuador.
Al concluir la Misa de exequias, celebrada el sábado 14 de marzo en la parroquia San Alberto Magno, en Guayaquil, el P. Lope Pascual, superior del P. Avilés en la Sociedad de Jesucristo Sacerdote, tomó la palabra para agradecer a todos los presentes.
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“A él le gustaba repetir una frase Cupio dissolvi et esse cum Christo ‘Deseo morir y estar con Cristo’. Seguramente Dios se lo ha concedido ya. Muchísimas gracias a todos”, dijo el P. Lope Pascual, confesor durante 11 años del P. Alfonso Avilés, ante una iglesia totalmente abarrotada para despedir al fallecido presbítero.
La multitud de fieles llegó hasta la parroquia San Alberto Magno, en la Diócesis de Daule, para despedir al P. Avilés, que junto al P. Pedro Anzoátegui, perdieron la vida en la localidad de Playas, para salvar a dos monaguillos que habían ingresado al mar y que estuvieron a punto de ahogarse.

¿Cómo era el P. Alfonso Avilés?
La ecuatoriana Ximena Izquierdo, gerente para Latinoamérica y España de Amigos Misioneros de EWTN, compartió con EWTN Noticias su profunda tristeza por la partida del P. Alfonso Avilés, quien fue “un padre espiritual” para ella y su familia durante 23 años y recordó, muy emocionada, cómo llegó a estar en el “top cinco” de las causas por las cuales el sacerdote ofrecía mortificaciones.
Izquierdo explicó que los retiros de monaguillos en la playa, donde los sacerdotes de su comunidad tienen un centro de formación, eran una actividad habitual que organizaba el sacerdote en las vacaciones de verano, acompañado del P. Anzoátegui, a quien había “adoptado” como su hijo espiritual.

El P. Alfonso, recordó Izquierdo, “era un hombre muy espiritual, pero de una acción impresionante, es decir, como esos grandes santos, que no solamente son contemplativos, de adoración, espirituales, de muchas horas de confesión, sino que también llevan a su grey a hacer, digamos, las cosas que Dios quiere y necesita que hagan”, como la fundación Familia Futuro, en 2005, para luchar por la causa provida en Ecuador.
El sacerdote, relató, se distinguió por su alegría y su firmeza. También fundó la primera capilla de adoración perpetua en Guayaquil en la parroquia Santa Teresita, donde sirvió algunos años, y luego hizo otra en la parroquia San Alberto Magno.

Allí, dijo Izquierdo, transformó la “iglesia chiquita” de la parroquia en un templo que “ahora parece una catedral”, donde miles llegaron a despedirlo.
“La muerte siempre nos enfrenta con el misterio más profundo de la vida”
El Cardenal Luis Cabrera, que presidió la Misa de exequias del P. Alfonso, dijo en su homilía que todos estaban reunidos “con un corazón conmovido y, al mismo tiempo, lleno de una fe y una esperanza inquebrantables La muerte siempre nos enfrenta con el misterio más profundo de la vida”.

Sin embargo, destacó, “cuando la muerte llega de manera tan inesperada y tan cargada de amor, como en el caso del Padre Alfonso Avilés, nuestro dolor es una mezcla también una profunda admiración”.
El cardenal resaltó que el sacerdote, como decía el evangelio del día, fue como el Buen Pastor. “La vida y la muerte del Padre Alfonso parecen haber sido escritas con estas mismas palabras del Evangelio que acabamos de escuchar Yo soy el buen pastor Y el buen pastor da la vida por las ovejas”, resaltó.
El “padre Alfonso murió intentando salvar la vida de alguien a quien tanto amaba como una guía y lo haría mil veces por otras personas. No estaba pensando en sí mismo, no estaba calculando el riesgo, simplemente reaccionó como reaccionaría un pastor cuando ve que una de sus ovejas está en peligro”.

“Y por eso recordamos también aquí las palabras de Jesús; ‘Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos’”.
“La muerte del padre Alfonso nos duele, claro que nos duele, y profundamente, pero al mismo tiempo nos revela la grandeza de su corazón pastoral. Su última acción fue un acto de amor y cuando la vida termina con un acto de amor, esa vida no ha sido vana, ha tenido un significado, un sentido”, subrayó el purpurado.

“Fue un pastor cercano. Seguramente Muchos de aquí podrían decir él me escuchó cuando nadie me escuchaba, él me animó cuando estaba desanimado, él me ayudó a encontrar nuevamente a Dios”.
Para concluir, el arzobispo animó a que “el ejemplo de su vida nos recuerde que la verdadera grandeza no está en vivir para uno mismo sino en vivir para los demás”.
El agradecimiento del obispo de Daule
Tras agradecer la presencia del Cardenal Cabrera, el Obispo de Daule, Mons. Cristóbal Kudławiec, agradeció al P. Alfonso Avilés “por esta entrega total al sacerdocio y estos últimos años a la diócesis de Daule con tanto ánimo con tanto fervor quiso ver esta nueva diócesis y se integró tan plenamente a muchos trabajos pastorales”.

El prelado, que dirige la diócesis erigida por el Papa Francisco en febrero de 2022, animó a los fieles a tener en cuenta que “no han perdido al pastor: este pastor está con nosotros. Todo lo que vamos a hacer de ahora en adelante siguiendo este ejemplo y estas indicaciones que él dio es continuar su obra. Les invito a orar por él”.
El último adiós
Luego de concluida la Misa, el cortejo fúnebre fue acompañado por una gran cantidad de fieles que esperaban el paso del fallecido sacerdote, que fue homenajeado también por los bomberos, que hicieron un arco de agua sobre la carroza.

Los restos del sacerdote, junto con los del P. Pedro Anzoátegui, fueron sepultados en el Panteón Metropolitano de Guayaquil, a unos 20 metros uno del otro.
Este lunes se celebra, en la diócesis de San Jacinto, una misa en memoria de este presbítero a las 6:00 p.m.
