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El remedio a las enfermedades: tocar y sanar como hizo Jesús
Para “sanar” estas enfermedades, el Papa Francisco propuso imitar el ejemplo de Jesús, quien “toca y sana”.
El Santo Padre subrayó que el “camino” de Jesús, quien tocó al leproso a pesar que sabía que podrían rechazarlo, “es el del amor que se acerca al que sufre, que entra en contacto, que toca sus heridas”.
Señaló además que Dios “no permaneció distante en el cielo, sino que en Jesús se hizo hombre para tocar nuestra pobreza”.
“Y frente a la ‘lepra’ más grave, la del pecado, no dudó en morir en la cruz, fuera de los muros de la ciudad, repudiado como un pecador, para tocar nuestra realidad humana hasta lo más hondo”.
Al mismo tiempo, el Papa Francisco aseguró que esto “no es fácil” y que para lograrlo “debemos vigilar cuando en el corazón se asoman los instintos contrarios a su hacerse cercano y a su hacerse don”.
Esto ocurre, según el Pontífice, cuando “tomamos distancia de los demás para centrarnos en nosotros mismos, cuando reducimos el mundo a los recintos de nuestro ‘estar bien’, cuando creemos que el problema son siempre y solamente los demás”.
“En estos casos tengamos cuidado, porque el diagnóstico es claro: se trata de ‘lepra del alma’, una enfermedad que nos hace insensibles al amor, a la compasión, que nos destruye por medio de las ‘gangrenas’ del egoísmo, del prejuicio, de la indiferencia y de la intolerancia”.
Además, aseguró que “si no se actúa de inmediato, la infección crece y se vuelve devastadora”.
“Es dejándonos tocar por Jesús que sanamos por dentro, en el corazón. Si nos dejamos tocar por Él en la oración, en la adoración, si le permitimos actuar en nosotros a través de su Palabra y de los sacramentos, el contacto con Él nos cambia realmente, nos sana del pecado, nos libera de las cerrazones, nos transforma más allá de cuanto podamos hacer por nosotros mismos, con nuestros propios esfuerzos”.
¿Hago que Jesús toque mis lepras?
Además, explicó que las heridas deben presentarse al Santo Padre en la oración: “Pero no una oración abstracta, hecha sólo de fórmulas repetitivas, sino una oración sincera y viva, que deposita a los pies de Cristo las miserias, las fragilidades, las falsedades, los miedos”.
En este sentido, animó a los fieles a hacerse la siguiente pregunta: ¿Hago que Jesús toque mis “lepras” para que me sane?
Cuando nos dejamos tocar por Jesús, afirmó el Pontífice, “los tejidos del corazón se regeneran; la sangre de nuestros impulsos creativos vuelve a fluir cargada de amor; las heridas de los errores del pasado se curan y la piel de las relaciones recupera su consistencia sana y natural”.
De esta forma, también “retorna así la belleza que tenemos, la belleza que somos. Sintiéndonos amados por Cristo redescubrimos la alegría de entregarnos a los demás, sin miedos ni prejuicios, libres de formas de religiosidad anestesiantes y despojadas de la carne del hermano. Así se fortalece en nosotros la capacidad de amar, más allá de cualquier cálculo y conveniencia”.
Además, el Santo Padre aseguró que “sería engañoso pensar que este milagro requiera formas grandiosas y espectaculares para realizarse, porque sucede principalmente en la caridad escondida de cada día”.
“Esa caridad -continuó- que se vive en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en la escuela; en la calle, en las oficinas y en los negocios; esa caridad que no busca publicidad y no tiene necesidad de aplausos, porque al amor le basta el amor”.
Por último, invitó a practicar “la cercanía y discreción” y aseguró que “ Dios nos ama así, y si nos dejamos tocar por Él, también nosotros, con la fuerza de su Espíritu, podremos convertirnos en testigos del amor que salva”.
